jueves, 23 de julio de 2015

Escapada-finde en Denia

Os cuento cómo fue mi escapada a Denia el fin de semana pasado.

Todo vino porque hace un mes fue mi cumpleaños y mi hermano y su novia me regalaron un pack de Smartbox "Un día entre dos". Es este:


En este pack había infinidad de cosas por ver y hacer realmente chulas como montar a caballo, hacer kayak, excursiones...

En mi caso, bueno, ya que era para dos personas, lo disfrutamos mi novio y yo y, entre todas las actividades posibles de la Comunidad Valenciana, elegimos un minicrucero por Denia-Jávea el domingo 19. Así que el sábado 18, como yo salía pronto de trabajar, decidimos coger un hotel para hacer noche en Denia y así no madrugar tanto al día siguiente para hacer el minicrucero.

El hotel que elegimos fue Pink Flamingo. Estaba situado en la montaña, la verdad que estaba bastante lejos del puerto andando, en coche estaba a tan sólo 15 minutos.


Antes de coger el hotel (reservado con una agencia) vimos las fotos por Internet y la verdad es que no tenía mala pinta: tenía piscina, habitaciones chulas... Nos costó 50€ la pareja la noche y pensábamos que estaba bien, hasta que llegamos.

En la página web ponía que era un hotel, cuando en realidad, es una villa restaurada. Han cambiado unas dos veces la decoración de la habitación. 

Conforme a lo que aparecía en las fotos de su web, había habitaciones decoradas con temáticas de diversa índole: una con Marilyn Monroe, otra de estilo marítima, etc.

A nosotros nos gustaron ambas habitaciones y esperábamos que cuando llegásemos allí pudiésemos elegir una de ellas, pero no fue así.

Os cuento, lo primero que vimos fue un trocito de solar con una "P" de parking. En la web ponía "parking gratuito para clientes". Cuando vimos el solar pensamos qué raro esto.

Cuando entramos, saludamos al hombre que nos atendió en recepción, le pagamos la noche y nos llevó hasta la habitación. Una vez allí, lo primero que me vino a la cabeza fue un "no puede ser, esto no es lo que habíamos contratado". En esos momentos quisimos irnos, pero al ser sábado y estar todos los hoteles cogidos en Denia, nos tocó quedarnos. Tampoco existía la posibilidad de devolvernos el dinero porque lo habíamos reservado a través de una agencia.

En fin... Pasado un rato, el hombre de recepción se acercó a nuestra habitación a contarnos cómo funcionaba la TV, porque como es una villa a la que acuden muchos extranjeros, pues claro, los canales estaban predefinidos en varios idiomas y tuvimos que dar con el nuestro.

A todo esto, otra anécdota. Al principio, la luz no funcionaba, el wifi gratuito tampoco y, además, se nos olvidó el champú y tampoco nos dieron tanto en la villa. 

Las toallas no quise ni secarme con ellas, me daba grima tocarlas, súper ásperas. Menos mal que me llevé mi toalla de playa grande y limpia, con olor a suavizante.

Por la noche, casi no descasamos. Las puertas eran de madera, se escuchaban ruidos continuamente y no estábamos muy cómodos, porque la villa, como digo, está en la montaña y no estaba vallada, con lo cual, da un poco de miedo por la noche. Todo a oscuras.

Tampoco hicimos uso de la piscina porque nos daba "cosa" bañarnos en ella. Tenía mala pinta y parecía como si ni la hubiesen limpiado.

Pero bueno, pasamos la noche como pudimos y al día siguiente temprano nos fuimos de Pink Flamingo.

Fuimos directos al puerto. Una vez allí fuimos a almorzar a la pastelería Granier, por cierto, muy buen trato el de las chicas que nos atendieron y muy bueno el desayuno que hicimos. Mirad qué pinta más buena todo. Además, una de las camareras tuvo el detalle de ponernos una tostada más porque nos había puesto una muy pequeñita. La pastelería está en la calle Marqués del Campo, 47B de Denia.


Después del desayuno embarcamos en el minicrucero e hicimos un paseo de una hora Denia-Javea y otra hora Javea-Denia. Vinimos quemados de los hombros porque estábamos tan a gusto en el barco que nos pusimos a hablar y no pensamos que el sol nos daría tanto.

Al regresar del crucero (llegamos a eso de las 14:00 de la tarde) decidimos dar una vuelta por el puerto puesto que no teníamos demasiada hambre con el pedazo desayuno que habíamos hecho horas antes. 

Durante ese paseo, vimos cosas tan graciosas como estas:


Cuando vi el nombre de esta calle me acordé de la canción "Sarandonga, nos vamos a comer, sarandonga, un arroz con bacalao, sarandonga, en lo alto del puerto..." jajaja nunca mejor dicho y así la apodamos, la calle Sarandonga.


También vimos un chiquitren muy pintoresco y le hicimos una foto para tenerla de recuerdo.

Además, había calles con encanto como esta, en el que las casas están pintadas de colores y se respira paz cuando pasas. Mi novio dice que se parece mucho a las calles de Mallorca, por cierto, sitio al que este año no iremos de vacaciones porque está todo cogido, pero el año que viene será uno de nuestros destinos estrella además de Londres y Sevilla.


A eso de las 3 de la tarde nos entró hambre y decidimos hacer una parada en un sitio muy chiquitito pero que hacen unas pizzas artesanas en el horno de leña que te mueres... El sitio se llama Antica Pizza y lo podéis encontrar en la calle Marqués de Campo, 45, justo al volver de la panadería Granier.


Os recomiendo la pizza barbacoa que fue la que pedimos, con la masa finita y bien cargada de ingredientes.

Luego fuimos a la playa un ratito, no mucho, porque como os comentaba, nos habíamos quemado un poco los hombros por la mañana en el crucero. Estuvimos cosa de una media hora en la playa porque fuimos a hora punta, hacía muchísimo calor... Eso sí, el agua no os podéis imagina lo limpia y cristalina que estaba. Me bañé unas tres veces para refrescarme y salí nueva. 

Estas son las fotos de la playa:



Por último, antes de volver a casa, fuimos a tomarnos un helado y un café y ¡qué helado más bueno! La heladería se llamaba Tutto Frutto y está en el Paseo Explanada Cervantes, 16.


Esta es una heladería que hace helados artesanales. Están bien de precio, nada abusivo ni excesivo. Pero lo que más el sabor. En nuestro caso, los elegimos de Oreo y straciatella. Además, mientras nos los comíamos, comentábamos que nunca habíamos visto un escaparate de helados como aquí, todo muy bien decorado, cuidando el más mínimo detalle, con muñequitos...

Un punto fuerte de esta heladería es que hacen granizados de manzana verde, de sandía y de fresa, cosa que en otro sitio no hacen y no podemos probar. Así que a la próxima escapada a Denia iremos a probarlos :)

Y esto fue todo, en resumen, un gran finde de desconexión, en buena compañía y disfrutando de todos los pequeños momentos.

Volveremos...

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